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miércoles, 28 de marzo de 2012

“El terrorismo de Estado y la desaparición forzosa de personas”


La Corte Suprema de Injusticia de la Nación se ha hecho acreedora de ser, en estos tiempos tan confusos de nuestra Patria, la mano visible del terrorismo de Estado más atroz. Decimos de injusticia, con verdad, ya que la justicia tiene como objeto defender y consolidar el derecho de las personas siendo el primero de ellos el derecho a la vida. Con este nuevo estado de cosas  cualquier mujer que se diga violada –sin probar que así lo fue y sin denunciar al supuesto violador- puede desde ahora solicitar alegremente el asesinato del hijo que lleva en su vientre.
Esto implica canonizar el terrorismo de Estado erigiendo la tiranía del más fuerte y poderoso –esto es lo establecido desde las altas esferas del poder-  sobre el más débil de los seres, el nasciturus. Nótese que en otros ámbitos de la sociedad  se destaca ya  por la impunidad de sus actos el fuerte y poderoso, burlándose  siempre de los que no saben o no pueden oponerse.
El código Penal que nos rige, si bien contempla la no penalización del aborto en determinadas circunstancias, -medida ésta que de algún modo abría la puerta al desorden-, sin embargo, no dejaba de asumir por ello la existencia de una acción moralmente mala, esto es, la muerte de un inocente y, por lo tanto, un delito.
El consorcio de abogados católicos al referirse a la sentencia expresa  “que de conformidad a lo declarado en otras ocasiones por esta Corporación, los incisos 1º y 2º del artículo 86 del Código Penal han quedado derogados desde la incorporación a la Constitución Nacional de 1994 de distintos Tratados internacionales que protegen la vida humana desde la concepción. Lo cual ha sido implícitamente reconocido por la propia Corte Suprema de Justicia de la Nación, al haber en otra ocasión afirmado que “el derecho a la vida es el primer derecho natural de la persona humana, preexistente a toda legislación positiva, y que resulta garantizado por la CN (doctrina de Fallos, 323-1339), derecho presente desde el momento de la concepción, reafirmado con la incorporación de Tratados internacionales con jerarquía constitucional” (“Sánchez, Elvira Berta c/ Ministerio de Justicia y Derechos Humanos”, dictamen de la Procuración General del 28/02/2006 y votos de los Ministros Higthon de Nolasco y Eugenio Zaffaroni)”.
Resulta contradictorio a esto último, que el organismo máximo de contralor de cualquier exceso que pudiera darse en los otros poderes, legitime acciones directamente occisivas.
Viene a mi memoria la intervención de cierta abogada del foro santafesino, ignara o mal intencionada ella, que con ocasión del debate sobre penalización o no del aborto en un panel, hace ya un tiempo, dijera con total frescura que en la tipificación del delito del aborto el bien jurídico que se pretendía tutelar era el de la salud de la madre soslayando directamente la vida del nasciturus. Por cierto que a nadie se le ocurrió enviarla de nuevo a estudiar derecho.
¿Será que los supremos cambiando lo objetivo piensan que con el aborto se tutela “el bien” “salud de la madre” física o sicológicamente hablando? ¿Será que los niños engendrados son “una enfermedad” o “injustos agresores” que vienen a perturbar en muchos casos el disfrute sexual  que reclaman para sí  sus madres?
Con su sentencia de muerte sobre los inocentes, la Corte Suprema de Injusticia, siguiendo los pasos de lo que aconteciera en Estados Unidos, se convierte en la ejecutora  de las políticas abortistas que pululan en el mundo y que desde hace tiempo tratan de imponerse en los países más vulnerables, seducidos muchas veces sus legisladores, no por supuestas contemplaciones piadosas de las sufrientes madres –que quedan acosadas por sus conciencias después del aborto-, sino por las promesas de fáciles ganancias.
La muerte del inocente, por lo tanto, –un gran negocio para quienes se dedican a enriquecerse como mercaderes de la muerte- aparece ante los ojos de los ciudadanos, porque así lo dispone la Corte, como algo permitido y resguardado por una aparente licitud que diabólicamente la enaltece.
La desaparición forzosa de las personas ya no se cubre con el manto del ocultamiento como se denuncia siempre respecto al acontecer de otros tiempos, sino que a la luz del día se tolera y fomenta descaradamente el aniquilamiento de los inocentes.
Se implantaría así el crimen por encargo, toda vez que el estado pagaría a médicos, y personal sanitario, disponiendo además de los hospitales públicos, sufragados por los impuestos de todos, con la intención expresa de eliminar, -despedazándolos-, a los niños a quienes ni siquiera se les da la posibilidad de poder ser adoptados por almas generosas.
En rigor, esta sentencia viene a completar la complicidad permanente de quienes debieran velar para que cese  la muerte de tantos  inocentes que se desangran en nuestra Patria víctimas de los delincuentes que pululan por doquier.
“He observado a los que hacen el mal: los mismos que lo siembran lo cosechan” (Job. 4, 8) nos dice la Escritura, anunciando de esa manera que el mal que se realiza a los otros regresa a sus hacedores.
La sentencia de muerte aplicada a los niños por nacer, pues, viene a coronar una cultura  que se sustenta con “anticonceptivos para todos”, “fornicación para todos”, “placer para todos”, “libertinaje para todos”, y ahora “aborto para todos y todas”.
La degradación más profunda en las costumbres habituales está a la vista. Todo esto se vuelve contra el mismo hombre que mucho necesitará de la gracia y misericordia de Dios para poder salir de tantas miserias y pensar en construir una nueva sociedad en la que comencemos nuevamente a vivir como hijos de Dios y no como esclavos del demonio.

Cngo Prof. Ricardo B. Mazza. Director del grupo Pro-vida “Evangelium Vitae”. 20 de marzo de 2012.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Aborto: Una opción peligrosa para la mujer

El aborto es, ante todo, el asesinato de un inocente, pero además supone un riesgo para la mujer que se somete a él, riesgo que se pretende ocultar a las mujeres, muchas veces en situaciones difíciles, por quienes manipulan la información para favorecer la acción criminal.La agencia Zenit recoge unos datos muy intersantes de concer y analizar para evitar ser engañados por la propaganda abortista.La legalización del aborto en la mayor parte de los países del mundo ha sido considerada por muchos como un paso adelante en el reconocimiento de los derechos de la mujer. No obstante un estudio recientemente publicado por el "Elliot Institute" demuestra que el aborto es más peligroso para la salud de la mujer que la opción de seguir con el embarazo hasta el nacimiento del niño.El documento, escrito por David C. Reardon y publicado en el "Post Abortion Review", apunta cómo con frecuencia los grupos que promueven el aborto afirman que el peligro de muerte durante el parto es mucho más elevado que el riesgo a morir a causa de un aborto. Reardon desmiente esas afirmaciones aprovechando los datos de un nuevo estudio realizado en Finlandia. La investigación se llevó a cabo bajo la dirección del departamento de análisis de estadísticas del Centro Nacional de Investigación sobre la Salud y el Bienestar. Los investigadores analizaron los datos médicos de todas las mujeres de 15 a 45 años de edad que habían muerto entre 1987 y 1994. Dado que el sistema médico en Finlandia está nacionalizado los datos reflejan bien el panorama global del país.Encontraron que 281 mujeres murieron en el curso de un año desde su último embarazo. Resulta que la tasa de mortalidad por cada cien mil casos era de 27 para las que dieron a luz su niño, 48 para las que perdieron el bebé por causas naturales, y 101 para las que habían abortado.De las 281 mujeres que murieron en el curso de un año desde su último embarazo, 77 de ellas se habían suicidado. Para las que habían abortado hubo un riesgo de suicidio dentro de un año siete veces mayor, en comparación con las mujeres que continuaron la gestación hasta el nacimiento de su bebé. De hecho las mujeres que han dado a luz tienen una incidencia más baja de suicidio, en comparación con las mujeres en general. Mientras que el aborto está conectado con un dramático incremento en el suicidio.Otros estudios apoyan los datos de FinlandiaTambién en Gran Bretaña existen datos que demuestran la relación entre la decisión de abortar y el suicidio de la mujer. Las autoridades de salud de South Glamorgan estudiaron los datos de la población local, 408.000 personas, y resulta que hubo 8,1 intentos de suicidio por cada mil mujeres que habían abortado, mientras que la tasa para las que tuvieron un niño fue de 1,9 por mil. Además, el suicidio después del aborto no se debía a problemas de salud mental ya existentes. Más bien la investigación concluyó que el aumento en el riesgo del suicidio después de abortar se debe probablemente al aborto mismo.El artículo del "Post Abortion Review" también cita otros estudios, donde hay datos detallados sobre casos individuales de suicidio. Se evidencia que con frecuencia la decisión de acabar con la propia vida ocurre en el aniversario del aborto o en la fecha en que el niño habría nacido. Un estudio de la Universidad de Minnesota concluyó que las adolescentes se encuentran particularmente en riesgo de suicidio después de un aborto.Reardon observa también que en China la incidencia del suicidio entre las mujeres es la mayor del mundo. De hecho un 56% de todos los suicidios de mujeres tiene lugar en China, que es el único país del mundo en el que más mujeres que varones acaban con sus propias vidas. Para las mujeres de edad inferior a 45 años la tasa de suicidio es nada menos que el doble que la de los varones. Reardon sugiere que esta situación tan anómala podría encontrar su explicación en la política de restringir a las familias a un sólo niño y el consiguiente uso de abortos, en no pocos casos contra la voluntad de la mujer, para implementar esa norma.La muerte de otras causasNo es sólo el suicidio el que es propiciado por la decisión de abortar. También el aborto está relacionado con un aumento en los fallecimientos a causa de accidentes. Según el estudio finlandés una mujer que haya dado a luz tiene la mitad de la probabilidad de sufrir un accidente mortal que el resto de la población, mientras que la tasa de mortalidad de un accidente de alguien que abortó era dos veces más alta en comparación con el resto de la población.Reardon cita otro estudio de Canadá en el que los investigadores encontraron que las mujeres que se habían sometido a un aborto en el año precedente fueron tratadas en un 41% más por desórdenes mentales, en comparación con las que habían dado a luz. Asimismo la incidencia de accidentes era más alta para las que abortaron. Además el estudio de Finlandia descubrió que el riesgo de morir a causa de un homicidio era cuatro veces más alto para alguien que había abortado, en comparación con el resto de la población.De las 281 casos de muertes estudiados en Finlandia un 45% se debieron a causas naturales. Sin embargo, también en esta categoría el riesgo de morir era más alto para una mujer que había abortado, en un 60%, en comparación con las que llevaron a término el embarazo o que perdieron el niño por causas naturales. Una posible explicación de ese fenómeno podría ser que las que murieron después de un aborto ya estaban con mala salud desde antes y procuraron el aborto a causa de sus problemas ya existentes. Sin embargo, los investigadores finlandeses rechazaron esa hipótesis cuando, al examinar los registros de los abortos, sólo una mujer había señalado como motivo su salud física.Los daños psicológicos y emocionalesAparte de las consecuencias negativas de un aborto para la salud física de la mujer, la decisión de poner fin a la vida que llevan dentro de sí también provoca con frecuencia traumas psicológicos. Un nuevo libro, publicado en Australia por Melinda Tankdard Reist, examina ese tema. En "Giving Sorrow Words" (Duffy and Snellgrove, 2000) son relatados los casos de 18 mujeres que expresan su sufrimiento por haber abortado.Cuando Melinda Tankard Riest insertó un anuncio en el periódico para pedir datos sobre mujeres que quisieran contar las experiencias negativas a causa de su decisión de abortar, hubo 250 respuestas. Aunque ella admite que ese grupo no representa a todas las mujeres que han abortado, sin embargo demuestra que existe un grupo significativo de mujeres que sufren mucho a causa de su decisión de abortar.Riest observa cómo los grupos que promueven el aborto suelen ignorar, e incluso negar, los daños psicológicos que se presentan después de haber abortado. El derecho al aborto es resaltado como algo positivo, una liberación, que proporciona el dominio sobre el propio cuerpo. Las personas que trabajan en las clínicas de aborto hablan del feto como una mera colección de células, cuyo exterminio no debería presentar ningún problema, y si la paciente se traumatiza, entonces es culpa suya.Además, ni las clínicas ni los centros organizados por las feministas suelen ofrecer servicios de ayuda para las mujeres que sufren problemas psicológicos a causa de su aborto. Incluso el libro cuenta los casos de varias mujeres que, al ir a diversos centros de asistencia para las mujeres con el fin de encontrar apoyo, les dijeron que no deberían hablar mal de su experiencia de aborto.En la introducción del libro la autora explica que con frecuencia las mujeres que le han contado sus experiencias desmienten el mito de la "libertad" para abortar. En no pocos casos existe presión por parte de los padres de familia o del padre del niño para abortar. Entonces, ¿en qué sentido se puede hablar de la libertad de escoger cuando la mujer es presionada de esa manera?Por eso el libro observa que es ilusorio pensar que el aborto pueda solucionar los problemas sin causar otras dificultades. La autora afirma también que es tiempo de que la sociedad apoye con mayor decisión la maternidad, para que las mujeres que deseen dar a luz a sus niños encuentren el respaldo necesario para hacerlo.
aciprensa

sábado, 14 de agosto de 2010

¿Cuántos hijos debo tener?

Cada matrimonio debe tener tantos hijos cuantos en conciencia formada y delante de Dios vea que Dios quiere, siempre manteniéndose abiertos a la vida en cada uno de sus actos conyugales. Hoy en día, incluso desde el punto de vista demográfico, son cada vez más necesarias las familias numerosas, en contra de cuanto dice una falsa propaganda alarmista y tendenciosa. Es muy útil al respecto leer el documento preparado por el Consejo Pontificio para la Familia sobre “la disminución de la fecundidad en el mundo”, (25 de febrero de 1998).
El Papa Pío XII decía de las familias numerosas que son “las más bendecidas por Dios, predilectas y estimadas por la Iglesia como preciosísimos tesoros... En los hogares donde hay siempre una cuna que se balancea florecen espontáneamente las virtudes... La familia numerosa bien ordenada es casi un santuario visible... son los planteles más espléndidos del jardín de la Iglesia en los cuales como en terreno favorable, florece la alegría y madura la santidad” (Pío XII, alocución “Tra le visite”, del 20 de enero de 1958.). También el Concilio Vaticano II alaba a los esposos que son generosos en la transmisión de la vida: “Son dignos de mención muy especial los que de común acuerdo, bien ponderado, aceptan con magnanimidad una prole más numerosa para educarla dignamente” (Gaudium et spes, 50).
Una descendencia numerosa es una bendición para los hijos mismos que son llamados a la vida y a la eternidad; para la Iglesia que crece con sus hijos bautizados y para la patria. Por eso es un dato de experiencia que una familia que reúne una numerosa descendencia y un auténtico espíritu cristiano es siempre un lugar donde reina la alegría, a pesar de las dificultades materiales que puedan pasar.
No está demás mencionar que muchas familias numerosas han sido cuna de santos, como las familias de San Francisco Javier (6 hermanos y él fue el último), San Bernardo (7 hermanos), Santa Teresita de Lisieux (9 hermanas y fue la última), Santa Teresa de Jesús (9 hermanos), San Luis Rey (10 hermanos), San Pío X (10 hermanos), San Roberto Belarmino (12 hermanos), San Ignacio de Loyola (13 hermanos), San Pablo de la Cruz (16 hermanos), Santa Catalina de Siena (25 hermanos y fue la penúltima).
La Iglesia, no obstante, reconoce que en algunas circunstancias es difícil en las circunstancias actuales llevar adelante una familia numerosa. Pero no hay que temer y la confianza puesta en Dios es, como dice San Pablo, una esperanza que no defrauda.


P. Miguel Ángel Fuentes

Sí a la vida: No Matarás

Las personas tienden a celebrar, por lo general, su cumpleaños. ¿Por qué?. Porque es algo bueno, es un acontecimiento alegre, de felicidad, de acción de gracias. Entonces podemos deducir que el nacimiento de una persona es un bien. En el aniversario del nacimiento de una persona e celebra el inicio más pleno de la vida humana que comienza desde el momento de la concepción. Aunque siempre existirán personas que, en un momento dado, consideran la vida como un mal, pero son reacciones a un sentimiento, normalmente pasajero, a consecuencia de algo que no anda bien.
La vida es un bien y un derecho, y es el derecho más alto en el orden natural. Es un don de Dios, es decir, un regalo. Nadie es capaz de crear su propia vida. La vida no nos pertenece, al ser un don tenemos la obligación de cuidar de este regalo. Esto no se logra si no se aprecia la vida desde su comienzo, desde el momento de la concepción.
Sólo Dios da la vida, por consiguiente, sólo Dios puede quitarla. Quitarle la vida a un ser humano inocente no tiene privilegios ni excepciones.

Visión cristiana de la vida corporal
En el Quinto mandamiento el mandato de Dios es muy claro: No matarás.
El hombre ha sido creado por Dios. Todo lo que Dios ha creado es bueno. Luego el cuerpo es un valor. La dignidad del hombre radica en ser creado a imagen y semejanza de Dios. (Gn. 1, 26-28)
Dios ha puesto todo lo material bajo el dominio del ser humano. (Sal. 139) (Hech. 17, 24-28). Por eso, el hombre puede utilizar todo lo creado para fines buenos, para darle un correcto uso.
El hombre es una unidad de cuerpo y alma. Luego ambos aspectos - el material y el espiritual - son buenos, existiendo una jerarquía entre ellos donde el espiritual es prioritario. (Mt. 10, 24-28); (Rm 7, 22-24) No podemos perjudicar el alma en beneficio del cuerpo.
El hombre toma decisiones espirituales, pero las materializa en actos exteriores corporales. Por eso deben tenerse en cuenta ambos aspectos para juzgar la moralidad de un acto. (Gadium et spes 49) Dios se encarnó en un cuerpo, luego el cuerpo ha sido revalorizado por la acción de Dios. Más aún, Dios lo ha glorificado con la resurrección. De ahí, el cuerpo debe ser santificado como todo lo humano.
El alma fue creada por Dios por lo que es imposible aceptar la teoría de la evolución descrita por Darwin. El Papa Pío XII ya lo decía en (Humani Generis). La vida humana se transmite únicamente por la unión sexual del hombre y la mujer. Por lo tanto, los padres al unirse están cooperando con Dios que crea el alma en el momento de la concepción de una vida nueva.
En la actualidad a causa de la pérdida del sentido cristiano de la vida, se ha llegado a una mentalidad anti – vida, donde se niega el valor trascendente de la vida humana.

La vida corporal vista desde la ley natural
Los principios morales también se deben establecer a partir de los datos que nos ofrece la ley natural. De este modo tendremos una visión más completa de la correcta orientación que debe darse a la problemática ética de lo referente a la vida corporal y a la bioética.
La ciencia y la técnica están al servicio de la persona humana y deben orientarse a la mejora integral de la persona, tanto física, como espiritual o moralmente. El hombre debe de ser tratado como hombre, cuando es adulto y cuando es menor de edad. Si no admitimos manipulaciones en la vida de un adulto, tampoco debemos permitirlas en un menor de edad o minusválido.
La vida física es el valor fundamental de los valores corporales, pues sobre ella se apoyan y desarrollan los demás. Por eso no se puede subordinar la vida a otros aspectos (económicos, artísticos, científicos, etc.).
La vida física debe de ser respetada siempre, no sólo cuando –esta vida - es notable o importante. Desde el punto de vista del valor de la persona todos somos iguales. Y la vida no depende del desarrollo del ser humano, ni de sus capacidades. También un óvulo fecundado es vida humana iniciando su proceso de desarrollo. La vida del hombre es sagrada e inviolable porque desde un principio comporta la acción creadora de Dios. (Evangelium vitae n 53).
Hemos dicho que el hombre es una unidad de cuerpo y alma. Defender la vida es defender cuerpo y alma. No es lícito al hombre despreciar la vida corporal (Gadium et spes 14), como tampoco lo sería el desprecio de lo espiritual, se deben desarrollar todas las capacidades que tiene su alma: inteligencia, conciencia, vida espiritual, etc. ……
El hombre debe poner los medios ordinarios que estén a su alcance para su conservación: los accesibles económicamente, que no comporten sufrimientos excesivos, no degraden al cuerpo y tengan posibilidad de éxito. No hay obligación moral de sujetarse a medios extraordinarios que rebasen estas condiciones. (Catecismo n 2278). La salud es un gran valor, pero no el valor supremo. El uso de anestesia es válido porque está dirigido al bien de toda la persona y aunque priva temporalmente de la conciencia, es lícito porque aporta un bien mayor.

Abusos contra la integridad de la propia vida
Pecados contra la sobriedad:
La sobriedad es la virtud que tiene por objeto moderar, de acuerdo con la recta razón iluminada por la fe, el uso de la comida y las bebidas.

+ Drogas. La gravedad no está en la cantidad consumida sino en el daño grave que causa al individuo por sus efectos irreparables. Ocasionalmente se pueden utilizar para fines curativos bajo control y prescripción médica y si no conlleva a la adicción. El uso de cualquier tipo de droga es ilícito, sean drogas blandas o drogas duras.

+ Bebidas alcohólicas. El exceso no distingue lo bueno y lo malo, y lleva a graves pecados y males. Los pecados cometidos en estado de ebriedad, aunque en sí no llevan culpa por carecer de sano juicio, no se justifican, pues pudieron evitarse al eliminar la causa, es decir no bebiendo en exceso.
+ La gula. Exceso en el comer y en el beber - es normalmente pecado venial, pero puede causar graves estragos a la salud y entonces se convierte en pecado mortal.

+ Suicidio. Siempre es ilícito porque se atenta contra un derecho divino y se pone en juego la propia salvación. (Catecismo nn 2280 – 2283). Diferente es exponer la vida por una causa heróica y justificada. (Evangelium vitae n 66)

El suicidio puede ser + directo: cuando se busca esa finalidad, o +indirecto: cuando no se busca exactamente esa finalidad, pero se pone la vida en peligro por actuar imprudente y voluntariamente. Nunca será lícito exponer la vida sin una causa justificada.

+ Mutilación. Es ilícita porque el individuo no es dueño de su propio cuerpo. Solamente puede justificarse en función del todo por razones de salud. Ejemplo de ello sería la extirpación de un riñón porque de no hacerlo se pondría en peligro la vida de la persona. Eliminar un órgano enfermo para bien de toda la persona es válido por el principio de mal menor. Eliminar un órgano que deteriora a la persona (en su dimensión psíquica, física o personal) es inmoral, porque no beneficia a toda la persona. Tal es el caso de la ligadura de trompas o vasectomía. Aunque beneficia algunos sectores de la persona, perjudica a otros (priva de un bien como es la capacidad de procrear).

+ Eutanasia. ¿La muerte dulce? (Catecismo nn 2276 – 2279). Proceso que produce la muerte a alguien. Si se le quitan los medios extraordinarios que le mantenían con vida no es eutanasia pues nadie está obligado a los medios extraordinarios. Las personas enfermas o disminuidas deben de ser atendidas para que lleven una vida tan normal como sea posible. Son amorales los que inducen directamente por voluntad propia o ajena, la muerte del enfermo. (Evangelium vitae nn 64-67). El dominio que el hombre tiene sobre sí mismo no es absoluto, sino ministerial es administrador del plan establecido por Dios (Humanae vitae n 13).

Dios pide cuentas del hombre al hombre. (Gn 9,5), su vida es inviolable y el que la viola, viola los derechos de Dios.
Aunque la muerte se considere inminente, los cuidados ordinarios debidos a una persona enferman no pueden ser legítimamente suspendidos.

+ Analgesia. El uso de analgésicos para aliviar los sufrimientos del moribundo, incluso con el riesgo de acortar su vida, puede ser moralmente conforme a la dignidad de la persona si la muerte no es pretendida, ni como fin, ni como medio, sino prevista y tolerada como inevitable, es una manera de eliminar dolores a quienes se encuentran en una fase terminal. Los cuidados paliativos son una manifestación de la caridad..
La eutanasia eugenésica que tiene por objeto eliminar a las personas con una vida sin valor, nunca es permitida.

Abusos contra la vida de los demás

+ Asesinato. Es producir deliberadamente la muerte a otra persona. Es una acción inmoral, porque se priva de la vida a una persona.

+ La esterilización. Es la intervención quirúrgica que suprime, en el hombre o en la mujer, la capacidad de procrear. Además de ser un caso de mutilación que implica atentar contra el propio cuerpo.

+ La Esterilización Terapéutica. Es la que se lleva a cabo cuando hay que salvar una vida o conservar la salud, es lícita porque su finalidad es el bien del todo. Siempre y cuando la enfermedad sea grave, sea el único remedio para recobrar la salud o conservar la vida, y que la intención sea la de curar.

La esterilización directa es cuando se tiene como único fin el hacer imposible la procreación, siempre es ilícita. Ligadura de trompas, vasectomía.

+ Aborto. Es la eliminación deliberada y directa, como quiera que se realice, de un ser humano en la fase inicial de su existencia, que va de la concepción al nacimiento. Tiene los agravantes de premeditación, ventaja y alevosía, contra una criatura débil, inocente que no puede defenderse y que está totalmente confiada a la protección de su madre (Evangelium vitae n 58)


Faltas contra la dignidad de las personas:
Son todas aquellas faltas, que aunque no atentan contra la vida ajena, dañan al otro en sus derechos fundamentales; el derecho a la vida, a una vida decorosa, a la fama, a la verdad, a la educación, al trabajo, al culto, a escoger el estado de vida, etc.
La muerte moral es el asesinato de la fama del otro. Este es un pecado que atenta gravemente contra la dignidad de la persona y no se le da mucha importancia. Aquí está considerada cualquier tipo de crítica: la difamación, calumnia, juicios temerarios e injustificados, etc. Siempre hay que hablar bien de los demás.
El escándalo es una falta de respeto al alma del prójimo. (Catecismo nn 2284-2287).
Existen otros pecados contra el quinto mandamiento, como son los pleitos, los ataques verbales o físicos, los insultos, las bromas pesadas. Es decir, todo lo que busca hacer un mal al otro, todo lo que va en contra de la caridad atenta contra la dignidad de la persona. También prohibe todo aquello que va en contra del respeto a la intimidad y a la vida privada.


Casos especiales
Legítima defensa: Siempre hay el deber de defenderse de la agresión violenta que pone en peligro la propia vida. Es lícito pero no siempre obligatorio. (Catecismo nn 2263-2276). Legítima defensa a veces puede ser un deber grave, para el que es responsable de la vida del otro, del bien común de la familia o de la sociedad.
En defensa propia puede ejercerse la violencia e, incluso quitar la vida a otro, siempre y cuando sea necesario recurrir a este medio. No se aproveche malintencionadamente para matar a otro.

Pena de muerte: Caso extremo aplicando el principio de la legítima defensa de la sociedad, y como último recurso. (Catecismo nn 2266 y 2267).

Guerra: Tiene que ser una legítima defensa de la acción militar. (Catecismo nn 2307-2317)

Respeto de la vida naciente
La vida nace naturalmente en el matrimonio según las leyes de la naturaleza. Buscarlo fuera del matrimonio es inmoral porque está fuera de la ley natural.
Son lícitas las intervenciones terapéuticas sobre embriones respetando su vida y su integridad, que no los expongan a riesgos desproporcionados y que vayan dirigidas hacia la mejora o curación. (Evangelium vitae n 63).

Los embriones obtenidos “in vitro” deben ser respetados desde el primer momento de su existencia.
Es inmoral producir embriones humanos destinados a ser explotados como material biológicos de pruebas experimentos o comercio.
Los intentos de fecundación entre gametos animales y humanos o la implantación de embriones humanos en animales son inmorales porque van en contra de la dignidad del hombre y lesiona su derecho a ser concebidos y nacer dentro del matrimonio humano.
La fecundación artificial entre gametos diferentes a alguno de los cónyuges es inmoral porque priva a los hijos del derecho a nacer en y del matrimonio.
La maternidad sustitutiva es contraria a la moral porque va contra la unidad del matrimonio.
La fecundación artificial de gametos de los mismos esposos y la inseminación artificial son inmorales porque separan la relación natural entre unión conyugal y procreación.

Sentido cristiano del dolor y el sufrimiento
El corazón del hombre se mide por la forma de acoger el sufrimiento. El sufrimiento, puede ablandarlo, purificarlo, mejorarlo, irritarlo, deteriorarlo. El dolor es inevitable, pero hay dos caminos, aceptarlo, creciendo en el amor o rechazarlo y crecer en la amargura.
Cristo lloró, padeció y murió por nosotros, a partir de entonces el hombre ve el sufrimiento como algo que lo asemeja a Cristo, le da un sentido diferente, se convierte en un paso hacia la salvación. Cuesta, pero la certeza de que Dios nos espera nos hace más fuertes para aceptarlo. El sufrimiento, el dolor y la muerte para un cristiano tiene un sentido de redención.

Para profundizar:
Gaudium et Spes nn 47-52
Catesismo de la Iglesia Católica
Salvicis Doloris Carta apostólica de S.S. Juan Pablo
Mater et Magistra nn 185 - 199 Carta encíclica de S.S. Juan XXIII
Para Salvarte 5° mandamiento P. Jorge Loring, S.J.