domingo, 1 de agosto de 2010

Amor y Responsabilidad

Pbro. Dr. José Juan García

Un tema significativo que abordó Karol Wojtyla –después papa Juan Pablo II- fue el rico filón del amor humano.
Temáticamente consiste en una reflexión sobre la estructura del amor humano en la que se intenta conjugar tomismo y fenomenología. El tomismo –como sabemos, corriente filosófica-teológica inspirada en el genio de santo Tomás de Aquino- es su matriz de base y la fenomenología proporciona el tono de la investigación y la perspectiva.
El hombre no es una cosa. Se resiste a ser tratado como una cosa entre las cosas. Sería un reduccionismo trágico. Es más que la primera experiencia que tenemos de él.
“No basta definir al hombre como individuo de la especie homo (ni siquiera homo sapiens). El término ´persona´ se ha escogido para subrayar que el hombre no se deja cerrar en la noción ´individuo de la especie´, que hay en él algo más, una plenitud y una perfección de ser particulares, que no se pueden expresar más que empleando la palabra ´persona´”[1].
El punto de partida es la persona humana en sus variadas y ricas dimensiones. Wojtyla, filósofo, poeta y pastor, recorre las etapas, modalidades y aún deformaciones del amor humano: concupiscencia, benevolencia, amistad, emoción, pudor, continencia, templanza, ternura, etc. Son etapas y a la vez, muestras de maduración de la totalidad e integración de las dimensiones personales.
El filósofo polaco ahonda en el estudio sobre la castidad en la ética cristiana. Y así, formula el principio de la castidad como integración libre de la pulsión sexual que se autodomina. Como propuesta de integración de la sexualidad en el contexto global de las relaciones interpersonales entre el hombre y la mujer, la castidad cuida del “uso” egoísta del hombre hacia la mujer, que fácilmente puede terminar cosificándola. Y viceversa. Hombre y mujer en dimensión complementaria y no mero placer sexual o instinto.
La castidad cuida el auténtico amor, porque lo purifica continuamente. Y es más que necesario, pues la libertad del hombre es una libertad herida por el pecado. El egoísmo y la traición son los contaminantes del auténtico amor.
Cuando los cónyuges se “abrazan” en estrecho vínculo, es el amor, exclusivo y excluyente, leal y completo, fiel y sincero, lo que brinda sentido y plenitud a ese encuentro, y así se vuelve lenguaje que expresa una verdad única: dos libertades se donan como varón y mujer en completa sintonía. Y de ese encuentro felíz surge, espontáneo, el don de la vida humana, el gran regalo del amor: los hijos.
“Hacerse cargo” de los hijos es responsabilidad, don y tarea, sueño y realidad. Toda un cometido para vivir.
En pocas palabras, encontramos en el rico libro de Karol Wojtyla Amor y Responsabilidad, toda una teoría personalista del amor sexual que debe confluir en el matrimonio como su plena expresión. Esta visión influirá luego en la teología del matrimonio y de la familia en Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II. Invitamos a recorrer sus páginas, que no pierden actualidad y vigencia.


[1] WOJTYLA, K., Amor y Responsabilidad, Razón y Fe, Madrid, 1978, pág. 13.

1 comentario:

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